sábado, 30 de abril de 2011

Aún hay gente que no entiende que es el social marketing

Hace unas semanas, pasé por Oporto y viendo la ciudad nos hablaron de la librería Lello e Irmão. Nos dieron en la oficina de turismo que era muy bonita y que era la biblioteca en la que se había inspirado no sé quien para la película de Harry Potter (la verdad es que ni he visto las películas de Harry Potter ni sé de quien hablaba, pero nos picó la curiosidad).

Fuimos y la verdad es que la librería es preciosa. Hecha en madera, con una escalera que sube hasta un segundo piso y una luz muy bien cuidadas. Me decidí a hacer una foto antes de ver qué libros tenían. Busqué un buen ángulo, miré por el visor y de repente oigo una voz: "Sir, sorry! No photos here, please!" "No photos?" Pensé. Entonces me disculpé y preguntamos por qué no se podía hacer fotos. Igual era porque el flash podía molestar a los clientes o dañar la pintura... No. La razón era porque ellos vendían postales. Después de esa explicación salí de la librería y me negué siquiera a mirar qué libros tenían y salí de allí con una sensación un poco desagradable.

Por la tarde cruzamos al otro lado de Oporto y fuimos a visitar las bodegas que hay de vino de Porto. Todas hacían catas por entre 5€ y 10€, pero unos amigos nos hablaron de una que hacía catas gratis y te enseñaban la bodega. Preguntando encontramos las bodegas Croftunas bodegas de vino Porto fundadas en el 1588.

Entramos y preguntamos si las catas eran gratis. Nos dijeron que las visitas eran en inglés, francés, español y portugués. Incluían una visita a las bodegas de media hora y dos copas de vino de sus bodegas, un vino blanco antes de la visita y otra de tinto al terminar. Algo incrédulos aún nos sentamos y nos sirvieron una copa de vino. La visita fue muy amable y cordial, preguntándonos de donde eramos la gente del grupo, si solíamos tomar vino, enseñándonos las cubas y explicando todo el proceso del vino, preguntándonos si nos había gustado la bodega... Y al final nos ofrecieron otra copa de vino.



Tras la visita no te obligan a comprar nada. Si quieres te vas y todo el mundo contento, sin embargo, todo el mundo compró al menos un par de botellas, si no una caja de media docena. Por supuesto, al igual que nosotros nos enteramos de su existencia por una recomendación de unos amigos, todo el mundo que compartió esta experiencia seguramente lo recomendará a sus conocidos, les hablarán de la cata y la visita gratuita, de lo amables que eran, y lo contarán cuando abran la botella con unos amigos...

Esto me hizo pensar en la diferencia entre las dos experiencias, la de la librería y la de las bodegas Croft. ¿En lugar de vender postales, no atraería más gente dejando hacer fotos del interior? ¿Y si toda la gente que hiciese fotos las colgase en Facebook, Twitter, etc como hacen con las bodegas Croft? ¿Y si cuando le regalas a alguien un libro comprado allí les enseñases la foto de la librería y les dices que cuando pasen por Oporto no deben irse sin visitarla? Eso es precisamente lo que hacemos nosotros con las bodegas.

Está visto que con sólo dejar que la gente pudiese hacer fotos en el interior ganarían muchas más ventas de libros que lo que pueden ganar con las postales, cosa que sí han entendido los responsables de marketing de Bodegas Croft.

¡Un brindis por el marketing social bien entendido!

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