miércoles, 17 de agosto de 2011

Belén Esteban te está robando tus amigos

Aunque Belén Esteban no tenga ningún interés especial en que tus amigos dejen de hablarte o que tu les retires la palabra en lugar de irte a tomar un café con ellos, por su culpa puede que hayas dejado de hablar con alguno de ellos o hayas perdido el contacto. ¿El problema? Como dicen los antropólogos:

Vivimos en la era espacial con cerebros de la edad de piedra.

Fue en ese momento, con la aparición del humano moderno, cuando nuestro cerebro (más en concreto la parte frontal del córtex) cuando dio su último estirón. Hará ahora unos 200.000 años. Tener un cerebro tan desarrollado nos ha permitido ir varios pasos por delante del resto de primates. Pero como dirían los Monty Phyton en la Vida de Bryan además de una capacidad superior para resolver problemas, el lenguaje, una intensionalidad de hasta 6 niveles, ¿qué ha hecho el neocórtex por nosotros?



Robin Dunbar es un biólogo (como Ana Obregón, sí) evolucionista que llevó a cabo un estudio que relacionaba el tamaño del córtex de los primates con el tamaño de los grupos sociales. Su teoría es que el cerebro humano no evolucionó en tamaño superior para resolver problemas, sino para ser capaz de lidiar con relaciones sociales cada vez más complicadas y grupos mayores.

Foto: The Social Brain Hipotesis - Robin Dunbar

A través de este estudio, Dunbar hayó una correlación clara entre el tamaño del cortex y el tamaño de los grupos sociales de los primates, y extrapoló esta relación al tamaño del córtex de los humanos. El resultado: 147 (redondearemos a 150), lo que hoy se conoce (en un ejercicio de originalidad clásica en el mundo científico) como el Numero de Dunbar.

¿Quiere decir esto que sólo puedo conocer 150 personas?

No. Tienes memoria para reconocer muchas más personas, sin embargo este es el número de personas (siempre de una manera muy aproximada) con las que puedes mantener un vínculo emocional (aquí podríamos hablar de marcadores somáticos, emociones sociales y Antonio Damasio, pero eso será en otra ocasión). Como el propio Dunbar describe este grupo social lo forman aquellas personas que si te las encuentras de manera fortuita en un aeropuerto mientras esperas a que salga tu vuelo no te daría vergüenza saludarle e incluso irte a tomarte una cerveza con él mientras esperáis.

¿A qué se debe este número tan bajo? 

Pues parece ser que no te puedes fiar prácticamente ni de tu padre, al menos sin haber hecho primero una serie de averiguaciones para saber si es de confianza o no. Nuestra confianza se crea y se mantiene a través de conocer a las personas, verlas día a día, hablar con ellos, compartir experiencias... y sobre todo, saber cómo actuarían en caso de que nuestra situación dependa de ellos y de si podemos fiarnos de que van a ayudarnos en caso de necesitarlo.

De hecho, el Numero de Dunbar no es lo único que descubrió, sino que también habló de grupos de confianza en humanos que van de 3,12,35, 150, 500 y 2.000, de mayor a menor confianza. El más pequeño sería aquellos a los que pedirías (o dejarías) dinero en caso de necesidad, luego el grupo de amigos cercanos, el grupo de conocidos, gente que invitarías a tu boda, etc. Así hasta que llegamos a no sentir ningún tipo de apego emocional por aquellos que estén fuera del círculo exterior.



Pongamos un ejemplo práctico. Digamos que hoy lees en las noticias que ha habido un accidente en una carretera de secundaria de Extremadura y ha muerto un camionero. ¿Qué sientes? ¿Se te ha encogido el estómago? ¿Se te ha cortado la respiración? ¿Se te han puesto los pelos de punta? En principio no tendría por qué. Es una víctima anónima en un sitio que no está especialmente cerca (asumo que no hay mucha gente de Extremadura que sigue asiduamente el blog y aprovecho para mandarles un cordial saludo si me equivoco). ¿Y si te digo que a las pocas horas llama tu madre desconsolada y te dice que el camionero que ha muerto en el accidente es tu hermano? ¿Ya has sentido esa sensación en el estómago? No te preocupes, no eres ningún monstruo por no haberte preocupado por el camionero anónimo y si por tu hermano. Simplemente, estás diseñado así.

¿Cómo llegamos a confiar en alguien? En los primates esto se hace a través del acicalamiento. Es sencillo, ya que son grupos pequeños. Pero si tuviésemos que dedicar el mismo tiempo que utilizan los primates y los simios a acicalarse para nuestro tamaño de grupos sociales, los humanos pasaríamos entre el 70% y el 80% del tiempo quitándonos los piojos los unos a los otros (y no tendríamos tiempo para buscar comida y mucho menos para inventar champú anti-piojos).

Por suerte nuestro cerebro encontró dos sustitutos para ello. El primero es la risa. Somos el único animal que utiliza la risa de forma social (los simios se ríen, pero no hay pruebas de que lo hagan de forma social, sino más bien como un resultado del estado de excitación). El segundo es el lenguaje, utilizando en forma de cotilleo.

¿Me estás diciendo que el cotilleo es una importante herramienta evolutiva?

Pues parece ser que sí. El lenguaje nos ha permitido comunicar experiencias sin haberlas vivido personalmente. Entre otras cosas, podemos hablar de relaciones sociales de personas que pertenecen a nuestro grupo social sin tener que haberlo visto nosotros mismos y haber gastado tiempo y energía en ello. En definitiva: cotillear nos ahorra tiempo, energía y nos permite tener grupos sociales más grandes.  Os sorprendería la gran cantidad del tiempo que se dedica al cotilleo (tanto en hombres como en mujeres) en una conversación cotidiana. Una buena o mala referencia puede llevarnos a confiar o evitar a una persona.

Y volviendo al título del post... ¿Dónde está el problema? Si cotillear es algo evolutivo y bueno, ¿Por qué esa animadversión contra Belén Esteban? El problema es que los grupos que hablaba antes, los de 3,12,35 y 150 personas, son limitados. Para poder meter a alguien en el grupo de 3 (el de más confianza) alguien tiene que salir. Y si queremos meter a alguien en el grupo de 12, alguien que está ya en ese grupo tiene que pasar al de 35 y así sucesivamente.

¿Por qué querría meter a Belén Esteban en mi grupo social, si ni siquiera la he visto en persona? 

Como decía antes (y repetiré varias veces de ahora en adelante), vivimos en la era espacial con cerebros de la edad de piedra. Tú puede que no hayas visto a Belén Esteban en persona, pero tu cerebro sí que ve y reconoce su rostro todos los días en la televisión. La tele es un invento del siglo XX, algo que hace posible ver caras de personas que no están allí, pero nuestro cerebro no lo sabe y no está hecho para ver caras de gente que no está físicamente allí. Para tu cerebro, si ves la cara de alguien es porque estás en frente de esa persona. Sólo sabe que ve las mismas caras todos los días, por lo tanto, asimila automáticamente a esa persona como miembro de tu grupo social. Además, esto está reforzado por la información detallada de su vida personal y social que se da en estos programas (el cotilleo).


Si ves todos los días a Belén Esteban en la televisión, tienes dos opciones. La primera es aceptar que pertenece a tu grupo social en la misma medida en la que lo haría tu vecino de portal, que sería alguien a quien también verías todos los días (y lamentablemente, alguien habrá a quien le haga ilusión tenerla como vecina). La segunda es que apagues la televisión cada vez que comience un programa de este estilo, llames a ese AMIGO (con mayúsculas) que hace unas semanas que no ves y quedes con él/ella para echar unas cervezas y unas buenas risas (aunque sea un sustituto, si luego os queréis desparasitar los unos a los otros es cosa vuestra).
Si un día necesitas llorar sobre el hombro de alguien o compartir una alegría, Belén Esteban no estará allí por ti.

Foto: Thermostro

Si quieres saber más, puedes leer el libro "How many friends does one person needs?" de Robin Dunbar (el del número) y también en inglés el artículo de cracked "What is the monkeysphere?".

¿Cómo de ciertos son estos números?

La primera vez que leí sobre el número de Dunbar no creí que fuese ni preciso ni tan real como aparentaba. Por eso estoy realizando un pequeño estudio para comprobar el tamaño de estos grupos sociales a través de varios niveles de confianza. De momento los resultados son terriblemente coincidentes con lo que tiene que salir, y cuadran con los diferentes grupos de confianza de los que habla Dunbar. Me gustaría llegar a tener un muestreo de al menos 100 datos, por ello, si te interesa el tema, tienes 2 minutos y quieres participar en un futuro artículo, rellena esta pequeña encuesta

3 comentarios:

  1. Muy bueno. Te deseo suerte en el estudio. Para mí es un gran alivio no ver algunas caras por las que no siento el mas mínimo interés. Tal vez por ello no enciendo la tele. Lo que ocurre es que automáticamente el cavernícola e "inculto" sueles ser tú...por suerte queda la autoestima, ja,ja!

    ResponderEliminar
  2. Gracias Paloma!

    Nosotros hace ya casi 1 año que no ponemos la tv en casa... y se nota.

    Sobre lo del cavernícola, estoy cocinando un artículo sobre elección política que publicaré cuando estén cerca las elecciones del 20N sobre como el cavernícola que tenemos dentro es quien elige el voto y no nosotros ;)

    Un abrazo!

    ResponderEliminar