Mostrando entradas con la etiqueta neurociencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta neurociencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de enero de 2014

¿Qué es un criptotipo?

Articulo publicado también en Anthropologies.es

En los años 40, Sapir y su alumno Whorf formularon los principios del relativismo lingüístico, pero ¿qué es eso? El relativismo lingüístico lo que viene a decir es que al aprender un idioma materno, interiorizamos una gramática que a partir de entonces utilizamos de forma natural. Sin embargo, esa gramática tiene implícita una forma de organizar el mundo, una serie de categorías que hacen posible que podamos utilizarla para expresarnos, y estas categorías no solo las utilizamos, sino que modelan la forma en la que entendemos el mundo. Es decir, que la lengua que hablamos modela la cognición y la forma de entender el mundo.

Estas categorías de la lengua muchas veces son visibles en el vocabulario mediante la lexicalización de conceptos que son más relevantes a una cultura que a otra. En español sólo tenemos una palabra para nieve, pero en las lenguas de países en las que la nieve es más común e importante tienen muchas más formas de referirse a ella, dependiendo de su espesura, dureza, si acaba de caer o está asentada, etc.

Sin embargo, las categorías que le interesaban más a Whorf no eran las léxicas, sino las gramaticales. Estas categorías son esenciales que estén interiorizadas por los hablantes de forma que puedan ser utilizadas de forma correcta en la gramática. En general, estas categorías serán visibles mediante género, número, casos, transitividad/intransitividad, contables/incontables, etc. La expresión gramatical de estas categorías abiertas es lo que se llama "fenotipo".

Sin embargo hay otras categorías que no siempre se marcan, y que sólo aparecen en casos especiales que sirven de contraste. Esta marca en casos especiales se denominan reactancias y la expresión gramatical de estas categorías ocultas se denominó "criptotipos" y es el tipo de categorías en la que el relativismo lingüístico está más interesado.

El interés está precisamente en que, al estar ocultas estas categorías requieren una interiorización inconsciente de la categoría, lo que según la tesis Sapir-Whorf modela los procesos cognitivos y determina la forma en la que entendemos el mundo.

Un ejemplo de criptotipo en español sería por ejemplo la diferencia entre forma y sustancia. En español las sustancias no pueden tener plural, ya que son incontables. No existe el plural de "ether", "helio", "manganeso". Aquí se puede argumentar que un estudiante de química puede sumar "dos oxigenos y un hidrógeno", pero en realidad lo que hace es operar con formas: "un átomo de oxígeno y uno átomo de hidrógeno". Igual que "las aguas residuales" son "vertidos de aguas residuales" o cuando pedimos "dos aguas" en un restaurante nos referimos a "dos botellas de agua". En estos casos el contexto permite la elisión o eliminación de la forma porque es entendida entre los hablantes, pero esta siempre tiene que estar presente para poder operar con sustancias en español.

Otro ejemplo de criptotipo serían las preguntas tipo "si/no" en turco. En español, podemos preguntar "¿viene?" o "¿cuándo viene?", y la contestación a la primera debería ser un "si/no" y a la segunda una referencia temporal. Sin embargo, en turco, las preguntas con respuesta "si/no" van marcadas. Veamos el mismo ejemplo en turco:

Gel      -iyor                mu                      ?
Venir    -3ºpers.sing,    interrog.cerrada. ?
Ne     zaman   gel        -iyor               ?
Qué   tiempo   venir    -3ºpers.sing.   ? 
Así, cuando  hablas en turco, tienes que tener en cuenta si la pregunta que estás haciendo es abierta o cerrada para poner la partícula "mi/mu" según corresponda. Esto constituye una categoría gramatical que en español o en inglés no existe, por ejemplo, y que sólo se marca en algunos casos. Esto sería otro ejemplo de criptotipo.

Para terminar, habría que comentar que las tesis del relativismo lingüístico han sido superadas, en su mayor parte y han quedado relegadas a algunos dominios concretos, quedando poco de su determinismo. Ya el propio Whorf en el llamado informe Yale, inédito en su momento y publicado recientemente reconocía las limitaciones de la tesis relativista y la unidad de psíquica humana. Esta tesis, defendida ya por Bastian y Tylor en el siglo XIX dice que todos los seres humanos compartimos las mismas capacidades mentales y procesos cognitivos gracias a un sustrato biológico y neuronal común a toda la especie humana. El informe Yale demostró aplicando técnicas de la psicología Gestalt, que los hablantes de lenguas diferentes eran capaces de diferenciar de la misma forma "forma vs fondo".


domingo, 23 de junio de 2013

In the Light of Evolution VII: The Human Mental Machinery

Como todos los años, esta semana asada ha sido publicado el colloquium "In the light of Evolution" en PNAS, y este año está dedicado a la evolución de la mente, con especial interés en las funciones más esquivas, como la teoría de la mente, la autoconciencia (self-awareness) o lo que se ha denominado el 'problema difícil', la memoria episódica... Podéis encontrar la lista completa y el acceso gratuito a todos ellos aquí: In the Light of Evolution VII: The Human Mental Machinery

Os dejo una lista de los abstracts de los artículos que creo que son más interesantes:

Theory of mind and Darwin’s legacy. John Searle. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10343-10348; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301214110
We do not have an adequate theory of consciousness. Both dualism and materialism are mistaken because they deny consciousness is part of the physical world. False claims include (i) behaviorism, (ii) computationalism, (iii) epiphenomenalism, (iv) the readiness potential, (v) subjectivity, and (vi) materialism. Ontological subjectivity does not preclude epistemic objectivity. Observer relative phenomena are created by consciousness, but consciousness is not itself observer relative. Consciousness consists of feeling, sentience, or awareness with (i) qualitativeness, (ii) ontological subjectivity, (iii) unified conscious field, (iv) intentionality, and (v) intentional causation. All conscious states are caused by lower level neurobiological processes in the brain, and they are realized in the brain as higher level features. Efforts to get a detailed scientific account of how brain processes cause consciousness are disappointing. The Darwinian revolution gave us a new form of explanation; two levels were substituted: a causal level, where we specify the mechanism by which the phenotype functions, and a functional level, where we specify the selectional advantage that the phenotype provides. Sociobiology attempted to explain general features of human society, ethics, etc. It failed. For the incest taboo, it confuses inhibition with prohibition. It did not explain the moral force of the taboo. To explain the function of consciousness we cannot ask, “What would be subtracted if we subtracted consciousness but left everything else the same?” We cannot leave everything else the same because consciousness is necessary for higher functions of human and animal life. The unified conscious field gives the organism vastly increased power.

Affiliation, empathy, and the origins of theory of mind. Robert M. Seyfarth and Dorothy L. Cheney. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10349-10356; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301223110
To understand the evolution of a Theory of Mind, we need to understand the selective factors that might have jumpstarted its initial evolution. We argue that a subconscious, reflexive appreciation of others’ intentions, emotions, and perspectives is at the roots of even the most complex forms of Theory of Mind and that these abilities may have evolved because natural selection has favored individuals that are motivated to empathize with others and attend to their social interactions. These skills are adaptive because they are essential to forming strong, enduring social bonds, which in turn enhance reproductive success. We first review evidence from both humans and other animals indicating that reflexive and reflective mental state attributions are inextricably linked and play a crucial role in promoting affiliative social bonds. We next describe results from free-ranging female baboons showing that individuals who show high rates of affiliative behavior form stronger social bonds with other females. These bonds, in turn, are linked to fitness. We then provide data from three different types of social challenges (male immigration, changes in grooming behavior after the death of a close relative, and responses during playback experiments), suggesting that females who manifest high rates of affiliative behavior may also be more motivated to anticipate challenges, react adaptively to setbacks, and respond appropriately to social interactions.

Evolution of consciousness: Phylogeny, ontogeny, and emergence from general anesthesia. George A. Mashour and Michael T. Alkire. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10357-10364; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301188110
Are animals conscious? If so, when did consciousness evolve? We address these long-standing and essential questions using a modern neuroscientific approach that draws on diverse fields such as consciousness studies, evolutionary neurobiology, animal psychology, and anesthesiology. We propose that the stepwise emergence from general anesthesia can serve as a reproducible model to study the evolution of consciousness across various species and use current data from anesthesiology to shed light on the phylogeny of consciousness. Ultimately, we conclude that the neurobiological structure of the vertebrate central nervous system is evolutionarily ancient and highly conserved across species and that the basic neurophysiologic mechanisms supporting consciousness in humans are found at the earliest points of vertebrate brain evolution. Thus, in agreement with Darwin’s insight and the recent “Cambridge Declaration on Consciousness in Non-Human Animals,” a review of modern scientific data suggests that the differences between species in terms of the ability to experience the world is one of degree and not kind.

Evolution of working memory. Peter Carruthers. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10371-10378; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301195110
Working memory (WM) is fundamental to many aspects of human life, including learning, speech and text comprehension, prospection and future planning, and explicit “system 2” forms of reasoning, as well as overlapping heavily with fluid general intelligence. WM has been intensively studied for many decades, and there is a growing consensus about its nature, its components, and its signature limits. Remarkably, given its central importance in human life, there has been very little comparative investigation of WM abilities across species. Consequently, much remains unknown about the evolution of this important human capacity. Some questions can be tentatively answered from the existing comparative literature. Even studies that were not intended to do so can nonetheless shed light on the WM capacities of nonhuman animals. However, many questions remain.

The evolution of episodic memory. Timothy A. Allen and Norbert J. Fortin. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10379-10386; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301199110
One prominent view holds that episodic memory emerged recently in humans and lacks a “(neo)Darwinian evolution” [Tulving E (2002) Annu Rev Psychol 53:1–25]. Here, we review evidence supporting the alternative perspective that episodic memory has a long evolutionary history. We show that fundamental features of episodic memory capacity are present in mammals and birds and that the major brain regions responsible for episodic memory in humans have anatomical and functional homologs in other species. We propose that episodic memory capacity depends on a fundamental neural circuit that is similar across mammalian and avian species, suggesting that protoepisodic memory systems exist across amniotes and, possibly, all vertebrates. The implication is that episodic memory in diverse species may primarily be due to a shared underlying neural ancestry, rather than the result of evolutionary convergence. We also discuss potential advantages that episodic memory may offer, as well as species-specific divergences that have developed on top of the fundamental episodic memory architecture. We conclude by identifying possible time points for the emergence of episodic memory in evolution, to help guide further research in this area.

Neuroethology of primate social behavior. Steve W. C. Chang, Lauren J. N. Brent, Geoffrey K. Adams, Jeffrey T. Klein, John M. Pearson, Karli K. Watson, and Michael L. Platt. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10387-10394; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301213110
A neuroethological approach to human and nonhuman primate behavior and cognition predicts biological specializations for social life. Evidence reviewed here indicates that ancestral mechanisms are often duplicated, repurposed, and differentially regulated to support social behavior. Focusing on recent research from nonhuman primates, we describe how the primate brain might implement social functions by coopting and extending preexisting mechanisms that previously supported nonsocial functions. This approach reveals that highly specialized mechanisms have evolved to decipher the immediate social context, and parallel circuits have evolved to translate social perceptual signals and nonsocial perceptual signals into partially integrated social and nonsocial motivational signals, which together inform general-purpose mechanisms that command behavior. Differences in social behavior between species, as well as between individuals within a species, result in part from neuromodulatory regulation of these neural circuits, which itself appears to be under partial genetic control. Ultimately, intraspecific variation in social behavior has differential fitness consequences, providing fundamental building blocks of natural selection. Our review suggests that the neuroethological approach to primate behavior may provide unique insights into human psychopathology.

Making lasting memories: Remembering the significant. James L. McGaugh. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10402-10407; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301209110
Although forgetting is the common fate of most of our experiences, much evidence indicates that emotional arousal enhances the storage of memories, thus serving to create, selectively, lasting memories of our more important experiences. The neurobiological systems mediating emotional arousal and memory are very closely linked. The adrenal stress hormones epinephrine and corticosterone released by emotional arousal regulate the consolidation of long-term memory. The amygdala plays a critical role in mediating these stress hormone influences. The release of norepinephrine in the amygdala and the activation of noradrenergic receptors are essential for stress hormone-induced memory enhancement. The findings of both animal and human studies provide compelling evidence that stress-induced activation of the amygdala and its interactions with other brain regions involved in processing memory play a critical role in ensuring that emotionally significant experiences are well-remembered. Recent research has determined that some human subjects have highly superior autobiographic memory of their daily experiences and that there are structural differences in the brains of these subjects compared with the brains of subjects who do not have such memory. Understanding of neurobiological bases of such exceptional memory may provide additional insights into the processes underlying the selectivity of memory.

Justice- and fairness-related behaviors in nonhuman primates. Sarah F. Brosnan. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10416-10423; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301194110
A distinctive feature across human societies is our interest in justice and fairness. People will sometimes invest in extremely costly behavior to achieve fair outcomes for themselves and others. Why do people care so much about justice? One way to address this is comparatively, exploring behaviors related to justice and fairness in other species. In this paper, I review work exploring responses to inequity, prosocial behavior, and other relevant behaviors in nonhuman primates in an effort to understand both the potential evolutionary function of these behaviors and the social and ecological reasons for the individual differences in behavior. I also consider how these behaviors relate to human behavior, particularly in the case of experimental studies using games derived from experimental economics to compare nonhuman primates’ responses to those of humans in similar experimental conditions. These results emphasize the importance of a comparative approach to better understand the function and diversity of human behavior.

From perception to pleasure: Music and its neural substrates. Robert J. Zatorre and Valorie N. Salimpoor. PNAS 2013 110 (Supplement 2) 10430-10437; published ahead of print June 10, 2013, doi:10.1073/pnas.1301228110
Music has existed in human societies since prehistory, perhaps because it allows expression and regulation of emotion and evokes pleasure. In this review, we present findings from cognitive neuroscience that bear on the question of how we get from perception of sound patterns to pleasurable responses. First, we identify some of the auditory cortical circuits that are responsible for encoding and storing tonal patterns and discuss evidence that cortical loops between auditory and frontal cortices are important for maintaining musical information in working memory and for the recognition of structural regularities in musical patterns, which then lead to expectancies. Second, we review evidence concerning the mesolimbic striatal system and its involvement in reward, motivation, and pleasure in other domains. Recent data indicate that this dopaminergic system mediates pleasure associated with music; specifically, reward value for music can be coded by activity levels in the nucleus accumbens, whose functional connectivity with auditory and frontal areas increases as a function of increasing musical reward. We propose that pleasure in music arises from interactions between cortical loops that enable predictions and expectancies to emerge from sound patterns and subcortical systems responsible for reward and valuation.

domingo, 3 de febrero de 2013

¿Es bueno prohibir internet en una empresa?

Hace unos años, cuando tenía mi empresa, me encontré en una situación: ¿Hasta qué punto debo permitir a mis trabajadores usar internet libremente? Esta es la misma en la que se encuentran muchas empresas, especialmente aquellas con trabajadores que se pasan el día delante del ordenador y que su el desempeño de su trabajo requiere estar buscando en internet. Estoy hablando de desarrolladores, programadores, artistas, administradores de sistemas...

Hoy en día desempeñar uno de estos trabajos sin poder consultar en internet es mucho más complicado y costoso, sin embargo hay una fina línea entre trabajar y curiosear o pasar el rato. Por ello muchas empresas, sobre todo después de leer estudios como este, optan por prohibir el acceso a determinados sitios, monitorizar lo que ven sus trabajadores e incluso cortar la conexión a determinados dominios.

Esto, además de ser una tentación, aumenta el nivel de estrés de los trabajadores, sobre todo si conocen un poco de redes y saben que cualquier inocente página puede tener conexiones con APIs que no ves, pero que está haciendo decenas de peticiones a Facebook, Twitter, Google, Tuenti, etc. y que aparecerán en los registros de la empresa como que te has conectado a ellas sin ni siquiera haber hecho un click a nada en la página (que seguramente has visitado intentando encontrar la solución a un problema de tu propio trabajo).

¿Es bueno prohibir internet en el trabajo? Según un artículo publicado en PLOS ONE estas medidas tienen como efecto la disminución de la productividad.

La hipótesis del estudio se basa en la visión de la concentración como un recurso limitado que ya vimos en otro artículo en este blog. El experimento que puso en práctica confirma esta hipótesis. Los voluntarios a los que hicieron realizar una tarea en la que podían o no pulsar un botón para ver un vídeo (que tenían prohibido ver) tuvieron una peor puntuación que aquellos a los se les puso el vídeo directamente antes de la tarea y no tenían ninguna tentación.

Una de las limitaciones que el propio artículo comenta es que  la tarea a la que se sometió al grupo de estudio fue nueva y de altos requirimientos de concentración, y que este no tiene por que una tarea tipo, ya que hay trabajos con tareas repetitivas y poco exigentes.

¿Qué hacer entonces con internet en el trabajo? Mi opinión es que depende del trabajo y de la persona. En mi empresa no poníamos restricciones al uso de internet, pero también es verdad que había momentos y personas (sólo recuerdo una vez, de hecho) a las que tuve que llamar la atención en momentos concretos y no pasó a mayores.

Habrá que ver si los empresarios que leen los informes de los miles de euros que se "pierden" por el tiempo que está la gente en internet leen también artículos científicos como este en el que se utilizan hipótesis basadas en teorías cognitivas y se comprueban con experimentos para llegar a conclusiones mucho más interesantes que "sumar minutos en internet". Como ya he dicho antes, todo depende del tipo de trabajo, la situación y la persona en concreto. El café para todos no es bueno, ni en un sentido ni en el otro.


Abstract:
To encourage worker productivity, companies routinely adopt policies requiring employees to delay gratification. For example, offices might prohibit use of the internet for personal purposes during regular business hours. Recent work in social psychology, however, suggests that using willpower to delay gratification can negatively impact performance. We report data from an experiment where subjects in a Willpower Treatment are asked to resist the temptation to join others in watching a humorous video for 10 minutes. In relation to a baseline treatment that does not require willpower, we show that resisting this temptation detrimentally impacts economic productivity on a subsequent task.


ResearchBlogging.orgBucciol, A., Houser, D., & Piovesan, M. (2013). Temptation at Work PLoS ONE, 8 (1) DOI: 10.1371/journal.pone.0053713

miércoles, 28 de noviembre de 2012

En efecto biológico de la adversidad en los primeros momentos

Hace ya tiempo escribí sobre el efecto del cuidado y contacto directo en recién nacidos, sobre todo basado en el experimento de René Splitz en los años 40.

Hace un mes, PNAS publicó de forma abierta una serie de artículos muy interesantes sobre los efectos biológicos del estrés en edades tempranas en el coloquio titulado Biological Embedding of Early Social Adversity: From Fruit Flies to Kindergartners. A continuación copio titulo y abstract de algunos artículos que me parecen interesantes. Podéis encontrar todos ellos de forma gratuita y abierta en el link anterior:

Social stratification, classroom climate, and the behavioral adaptation of kindergarten childrenSocioeconomic status (SES) is the single most potent determinant of health within human populations, from infancy through old age. Although the social stratification of health is nearly universal, there is persistent uncertainty regarding the dimensions of SES that effect such inequalities and thus little clarity about the principles of intervention by which inequalities might be abated. Guided by animal models of hierarchical organization and the health correlates of subordination, this prospective study examined the partitioning of children's adaptive behavioral development by their positions within kindergarten classroom hierarchies. A sample of 338 5-y-old children was recruited from 29 Berkeley, California public school classrooms. A naturalistic observational measure of social position, parent-reported family SES, and child-reported classroom climate were used in estimating multilevel, random-effects models of children's adaptive behavior at the end of the kindergarten year. Children occupying subordinate positions had significantly more maladaptive behavioral outcomes than their dominant peers. Further, interaction terms revealed that low family SES and female sex magnified, and teachers’ child-centered pedagogical practices diminished, the adverse influences of social subordination. Taken together, results suggest that, even within early childhood groups, social stratification is associated with a partitioning of adaptive behavioral outcomes and that the character of larger societal and school structures in which such groups are nested can moderate rank–behavior associations.



Brain on stress: How the social environment gets under the skin
Stress is a state of the mind, involving both brain and body as well as their interactions; it differs among individuals and reflects not only major life events but also the conflicts and pressures of daily life that alter physiological systems to produce a chronic stress burden that, in turn, is a factor in the expression of disease. This burden reflects the impact of not only life experiences but also genetic variations and individual health behaviors such as diet, physical activity, sleep, and substance abuse; it also reflects stable epigenetic modifications in development that set lifelong patterns of physiological reactivity and behavior through biological embedding of early environments interacting with cumulative change from experiences over the lifespan. Hormones associated with the chronic stress burden protect the body in the short run and promote adaptation (allostasis), but in the long run, the burden of chronic stress causes changes in the brain and body that can lead to disease (allostatic load and overload). Brain circuits are plastic and remodeled by stress to change the balance between anxiety, mood control, memory, and decision making. Such changes may have adaptive value in particular contexts, but their persistence and lack of reversibility can be maladaptive. However, the capacity of brain plasticity to effects of stressful experiences in adult life has only begun to be explored along with the efficacy of top-down strategies for helping the brain change itself, sometimes aided by pharmaceutical agents and other treatments.

Experience and the developing prefrontal cortex
The prefrontal cortex (PFC) receives input from all other cortical regions and functions to plan and direct motor, cognitive, affective, and social behavior across time. It has a prolonged development, which allows the acquisition of complex cognitive abilities through experience but makes it susceptible to factors that can lead to abnormal functioning, which is often manifested in neuropsychiatric disorders. When the PFC is exposed to different environmental events during development, such as sensory stimuli, stress, drugs, hormones, and social experiences (including both parental and peer interactions), the developing PFC may develop in different ways. The goal of the current review is to illustrate how the circuitry of the developing PFC can be sculpted by a wide range of pre- and postnatal factors. We begin with an overview of prefrontal functioning and development, and we conclude with a consideration of how early experiences influence prefrontal development and behavior.

Social information changes the brain
Social animals live in complex physical and social environments requiring them to attend and rapidly respond to social and environmental information by changing their behavior. A key social influence is rank or status, a ubiquitous element in animal societies. Rank typically regulates access to reproduction and other resources, among other consequences for individuals. Because reproduction is arguably the most important event in any animals’ life, understanding how reproduction is regulated by social status and related physiological factors can instruct our understanding of evolutionary change. This article reviews evidence from a model social system in which reproduction is tightly controlled by social status. Surprisingly, changes in social status have rapid and profound effects over very short time scales and radically alter overt behavior, as well as physiological, cellular, and molecular factors that regulate reproductive capacity.

Associations between early life adversity and executive function in children adopted internationally from orphanages
Executive function (EF) abilities are increasingly recognized as an important protective factor for children experiencing adversity, promoting better stress and emotion regulation as well as social and academic adjustment. We provide evidence that early life adversity is associated with significant reductions in EF performance on a developmentally sensitive battery of laboratory EF tasks that measured cognitive flexibility, working memory, and inhibitory control. Animal models also suggest that early adversity has a negative impact on the development of prefrontal cortex-based cognitive functions. In this study, we report EF performance 1 y after adoption in 2.5- to 4-y-old children who had experienced institutional care in orphanages overseas compared with a group of age-matched nonadopted children. To our knowledge, this is the youngest age and the soonest after adoption that reduced EF performance has been shown using laboratory measures in this population. EF reductions in performance were significant above and beyond differences in intelligence quotient. Within the adopted sample, current EF was associated with measures of early deprivation after controlling for intelligence quotient, with less time spent in the birth family before placement in an institution and lower quality of physical/social care in institutions predicting poorer performance on the EF battery.

Prenatal exposure to antidepressants and depressed maternal mood alter trajectory of infant speech perception
Language acquisition reflects a complex interplay between biology and early experience. Psychotropic medication exposure has been shown to alter neural plasticity and shift sensitive periods in perceptual development. Notably, serotonin reuptake inhibitors (SRIs) are antidepressant agents increasingly prescribed to manage antenatal mood disorders, and depressed maternal mood per se during pregnancy impacts infant behavior, also raising concerns about long-term consequences following such developmental exposure. We studied whether infants’ language development is altered by prenatal exposure to SRIs and whether such effects differ from exposure to maternal mood disturbances. Infants from non–SRI-treated mothers with little or no depression (control), depressed but non–SRI-treated (depressed-only), and depressed and treated with an SRI (SRI-exposed) were studied at 36 wk gestation (while still in utero) on a consonant and vowel discrimination task and at 6 and 10 mo of age on a nonnative speech and visual language discrimination task. Whereas the control infants responded as expected (success at 6 mo and failure at 10 mo) the SRI-exposed infants failed to discriminate the language differences at either age and the depressed-only infants succeeded at 10 mo instead of 6 mo. Fetuses at 36 wk gestation in the control condition performed as expected, with a response on vowel but not consonant discrimination, whereas the SRI-exposed fetuses showed accelerated perceptual development by discriminating both vowels and consonants. Thus, prenatal depressed maternal mood and SRI exposure were found to shift developmental milestones bidirectionally on infant speech perception tasks.

Effects of early intervention and the moderating effects of brain activity on institutionalized children's social skills at age 8
The present study examined the social skills of previously institutionalized, 8-y-old Romanian children from the Bucharest Early Intervention Project and the influence of attachment security and brain electrical activity (alpha power) on these skills. Participants included children randomized to an intervention involving foster care [Foster Care Group (FCG)], children randomized to remain in institutions [Care As Usual Group (CAUG)], and never-institutionalized children living with their families in the Bucharest community [Never-Institutionalized Group (NIG)]. A continuous rating of children’s attachment security to their primary caregiver was assessed at 42 mo of age. When children were 8 y old, teachers rated their social skills, and the children’s resting electroencephalogram alpha power was recorded. Teachers rated social skills of FCG children who were placed into foster care before 20 mo of age as no different from NIG children, and both of these groups were higher than CAUG children and FCG children placed after 20 mo. Electroencephalogram alpha power at age 8 significantly moderated the relations between attachment security and social skills. These findings characterize institutionalized children’s social skills in middle childhood within the context of a randomized intervention while highlighting the roles of both relational and biological factors in these developmental trajectories.

Conserved epigenetic sensitivity to early life experience in the rat and human hippocampus
Early life experience is associated with long-term effects on behavior and epigenetic programming of the NR3C1 (GLUCOCORTICOID RECEPTOR) gene in the hippocampus of both rats and humans. However, it is unlikely that such effects completely capture the evolutionarily conserved epigenetic mechanisms of early adaptation to environment. Here we present DNA methylation profiles spanning 6.5 million base pairs centered at the NR3C1 gene in the hippocampus of humans who experienced abuse as children and nonabused controls. We compare these profiles to corresponding DNA methylation profiles in rats that received differential levels of maternal care. The profiles of both species reveal hundreds of DNA methylation differences associated with early life experience distributed across the entire region in nonrandom patterns. For instance, methylation differences tend to cluster by genomic location, forming clusters covering as many as 1 million bases. Even more surprisingly, these differences seem to specifically target regulatory regions such as gene promoters, particularly those of the protocadherin α, β, and γ gene families. Beyond these high-level similarities, more detailed analyses reveal methylation differences likely stemming from the significant biological and environmental differences between species. These results provide support for an analogous cross-species epigenetic regulatory response at the level of the genomic region to early life experience.

Socioeconomic gradients in child development in very young children: Evidence from India, Indonesia, Peru, and Senegal
Gradients across socio-economic position exist for many measures of children's health and development in higher-income countries. These associations may not be consistent, however, among the millions of children living in lower- and middle-income countries. Our objective was to examine child development and growth in young children across socio-economic position in four developing countries. We used cross-sectional surveys, child development assessments, measures of length (LAZ), and home stimulation (Family Care Index) of children in India, Indonesia, Peru, and Senegal. The Extended Ages and Stages Questionnaire (EASQ) was administered to parents of all children ages 3–23 mo in the household (n =8,727), and length measurements were taken for all children 0–23 mo (n = 11,102). Household wealth and maternal education contributed significantly and independently to the variance in EASQ and LAZ scores in all countries, while controlling for child's age and sex, mother's age and marital status, and household size. Being in the fifth wealth quintile in comparison with the first quintile was associated with significantly higher EASQ scores (0.27 to 0.48 of a standardized score) and higher LAZ scores (0.37 to 0.65 of a standardized score) in each country, while controlling for maternal education and covariates. Wealth and education gradients increased over the first two years in most countries for both EASQ and LAZ scores, with larger gradients seen in 16–23-mo-olds than in 0–7mo-olds. Mediation analyses revealed that parental home stimulation activities and LAZ were significant mediating variables and explained up to 50% of the wealth effects on the EASQ.

Early environments and the ecology of inflammation
Recent research has implicated inflammatory processes in the pathophysiology of a wide range of chronic degenerative diseases, although inflammation has long been recognized as a critical line of defense against infectious disease. However, current scientific understandings of the links between chronic low-grade inflammation and diseases of aging are based primarily on research in high-income nations with low levels of infectious disease and high levels of overweight/obesity. From a comparative and historical point of view, this epidemiological situation is relatively unique, and it may not capture the full range of ecological variation necessary to understand the processes that shape the development of inflammatory phenotypes. The human immune system is characterized by substantial developmental plasticity, and a comparative, developmental, ecological framework is proposed to cast light on the complex associations among early environments, regulation of inflammation, and disease. Recent studies in the Philippines and lowland Ecuador reveal low levels of chronic inflammation, despite higher burdens of infectious disease, and point to nutritional and microbial exposures in infancy as important determinants of inflammation in adulthood. By shaping the regulation of inflammation, early environments moderate responses to inflammatory stimuli later in life, with implications for the association between inflammation and chronic diseases. Attention to the eco-logics of inflammation may point to promising directions for future research, enriching our understanding of this important physiological system and informing approaches to the prevention and treatment of disease.

Early childhood poverty, immune-mediated disease processes, and adult productivity
This study seeks to understand whether poverty very early in life is associated with early-onset adult conditions related to immune-mediated chronic diseases. It also tests the role that these immune-mediated chronic diseases may play in accounting for the associations between early poverty and adult productivity. Data (n = 1,070) come from the US Panel Study of Income Dynamics and include economic conditions in utero and throughout childhood and adolescence coupled with adult (age 30–41 y) self-reports of health and economic productivity. Results show that low income, particularly in very early childhood (between the prenatal and second year of life), is associated with increases in early-adult hypertension, arthritis, and limitations on activities of daily living. Moreover, these relationships and particularly arthritis partially account for the associations between early childhood poverty and adult productivity as measured by adult work hours and earnings. The results suggest that the associations between early childhood poverty and these adult disease states may be immune-mediated.

Leveraging the biology of adversity to address the roots of disparities in health and development
Extensive evidence that personal experiences and environmental exposures are embedded biologically (for better or for worse) and the cumulative knowledge of more than four decades of intervention research provide a promising opportunity to mobilize evolving scientific insights to catalyze a new era of more effective early childhood policy and practice. Drawing on emerging hypotheses about causal mechanisms that link early adversity with lifelong impairments in learning, behavior, and health, this paper proposes an enhanced theory of change to promote better outcomes for vulnerable, young children by strengthening caregiver and community capacities to reduce or mitigate the impacts of toxic stress, rather than simply providing developmental enrichment for the children and parenting education for their mothers.


jueves, 1 de noviembre de 2012

El efecto de la cultura en la locura

Imaginemos dos personas en diferentes partes del mundo, una en Estados Unidos y otra en India. Las dos escuchan voces en su interior, pero ¿dicen lo mismo? ¿Afecta la cultura a la forma en la que se manifiesta la esquizofrenia?

Según una conferencia en la ‘Culture, Mind and Brain conference’ celebrada en Los Angeles parece que sí. La charla se titula Hearing Voices in Accra and Chennai: How Culture Makes a Difference to Psychiatric Experience y presenta el trabajo de Tanya Luhrmann con pacientes diagnosticados con esquizofrenia según el DSM en tres culturas diferentes, USA, Ghana e India.


Todos ellos escuchaban voces, pero tanto las características de las mismas, como lo que decían cambiaba sustancialmente. Las voces americanas solían ser negativas y asociadas a la enfermedad diagnosticada. Las africanas estaban asociadas a dios, y en muchos casos eran voces buenas que les ayudaban a actuar correctamente y en el caso indio eran voces muchas veces de sus antepasados y que les decían cómo actuar correctamente en la sociedad, en algunas de forma bastante obscena e incluso graciosa.

Lo interesante de esto es que todos ellos parecen estar bajo el mismo fenómeno, pero la manifestación del mismo cambia según la sociedad. Es muy interesante ver cómo en algunas situaciones estas voces pueden ser incluso beneficiosas para el individuo, como en algunos casos africanos o indios, que los atribuyen a un dios o a un antepasado con voces positivas. Eso podría darnos alguna pista de cómo esta condición puede haber subsistido a lo lago de la historia de la humanidad, ya que al tener un gran componente hereditario, debe haber tenido alguna utilidad o haber dado algún beneficio para el que la padece, ya que de lo contrario, de ser un coste neto en toda situación, hubiese sufrido una selección negativa y hubiese desaparecido.

Tenéis más información sobre la charla en uno de los blogs de PLoS ONE.

Como habéis podido ver, he bajado el ritmo de publicaciones, en parte debido a que mis estudios de antropología me están ocupando parte del tiempo que tenía destinado a esto. De todas formas, este pequeño descanso de publicación espero que sirva para poder seguir escribiendo con un fondo más sólido y tener artículos cada vez con más chicha. 

viernes, 31 de agosto de 2012

¿Nacer con cerebros más inmaduros podría ser la clave de la inteligencia humana?

Estaba revisando el artículo que comentaba ayer y de repente me vinieron a la cabeza varias cosas:

  • La primera es que al ser exponencial el aumento del gasto energético en el útero y lineal (debido seguramente a que dentro del útero no tiene que desarrollar funciones como mantener el calor corporal, digestión, respiración, etc.), esto haría que un bebé humano no alcanzase la el nivel de un chimpancé a los 18 meses de la concepción (el punto con estrella en el gráfico), sino a algo más de los 10 meses, lo que no supone un aumento de 9-12 meses de gestación sino sólo 1. 
  • Esto aumento es imposible debido a que el cerebro es mucho mayor en el caso de los humanos, por lo que nacen con un 30% de la masa adulta en lugar de un 40% de los chimpancés. 
  • Esto implica que ese 10% de diferencia de desarrollo, en el caso de los humanos de convierte en lugar de 1 mes en 9-12. 
  • Durante este periodo el cerebro humano está expuesto a muchos más estímulos que en el mismo periodo de desarrollo los chimpancés, que se desarrollan hasta el 40% en el útero materno. 


Si tenemos en cuenta dos artículos aparecidos hace unos meses en PNAS: 
En el primero hablan de que el cerebro humano no es más que un cerebro de primate muy grande, y en el segundo hablan de la especialización de módulos funcionales en el cerebro por medio de estímulos repetidos (podéis leer el post que escribí sobre este artículo aquí). 

Si juntamos todo tenemos un cerebro que en comienza un 10% antes a recibir estímulos durante un periodo mayor de tiempo (9-12 meses), lo que llevaría a la creación precoz de módulos funcionales para el lenguaje, habilidades sociales, reglas lógicas, habilidad motora... Esto haría que cuando el bebé humano llega a este 40% de la masa del adulto, lleva mucha ventaja al bebé chimpancé que acaba de nacer y aún tiene que exponerse a las reglas y estímulos lógicos (gravedad, continuidad temporal y espacial, etc.), motoras, sociales, lenguaje (gestual, facial y vocal), etc.

¿Podría ser esta especialización precoz del cerebro una de las bases que posibilitaría la inteligencia humana? La privación de algunos estímulos, como los sociales, lenguaje, etc., tienen efectos devastadores a muy tempranas edades. 

Si esta hipótesis fuese correcta, ¿se podría inferir la capacidad cognitiva de algunos homínidos y primates a través del grado de exposición en etapas tempranas de desarrollo cerebral? Se podría comprobar con primates actuales (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes) y ver si esto podría extrapolarse a otros homínidos extintos (habilis, erectus, neandertal, etc.).

domingo, 12 de agosto de 2012

¿Se puede saber si alguien miente por el movimiento de sus ojos?

Según los gurús de la programación neurolingüística (PNL), sí. Pero según un artículo de hace unas semanas en PLoS ONE, no.

Está bastante extendido entre los libros y cursos de PNL y lenguaje corporal (yo he asistido ya a varios en los que enseñan esto) que si alguien mira arriba a la derecha está creando imágenes y si alguien mira arriba a la izquierda está recordando imágenes. Este argumento se ha utilizado en muchas ocasiones para decir que si alguien miraba a la izquierda decía la verdad y miraba a la derecha mentía.


Pero aquí viene el artículo The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and Neuro-Linguistic Programming en el que a la vista de que estas afirmaciones eran ampliamente aceptadas sin ninguna prueba empírica que las apoyase decidieron diseñar una serie de experimentos en los que probaban si esto realmente es así o no.

En el primero de los experimentos hicieron una serie de entrevistas con 32 voluntarios (una muestra no muy grande, pero suficiente para haber encontrado significación estadística en el caso de haber existido) en las que les pidieron que mintiesen o dijesen la verdad mientras eran grabados en vídeo. Después, se midió la cantidad de veces que miraban hacia arriba a la derecha o la izquierda. Los experimentadores tuvieron la precaución de elegir a todos los participantes diestros para cumplir con la literatura de PNL que dice que en personas diestras muestran más predisposición a este comportamiento.

No se encontró significación estadística ni en los que decían la verdad ni en los que mentían en miradas ni a la izquierda ni a la derecha.

Experimentadores 1 - PNL 0

En el segundo experimento abordaron otra de las alegaciones de la PNL que dice que esto, aunque no sea estrictamente cierto, ayuda a los que usan esta técnica a estar más seguros de si mismos y a detectar mejor las mentiras en otros.

Para ello cogieron a otro grupo de voluntarios a los que a la mitad les contaron esta hipótesis de la PNL y a otros no. Seguidamente les dieron vídeos de las entrevistas del primer experimento y les pidieron decir si eran mentira o verdad y su grado de confianza en la respuesta que daban. Los dos grupos lo hicieron igual de bien (o mal, como se quiera ver) y mostraron la misma confianza en su respuesta. Ni la PNL hace que detectemos mejor mentiras ni nos hace más confiados en la respuesta.

Experimentadores 2 - PNL 0

Sin embargo, quedaba un último punto. Los partidarios de la PNL podrían decir que este experimento está sujeto a condiciones de laboratorio en las que los que mienten no pierden nada si son descubiertos, es decir, son mentiras en las que hay poco en juego. ¿Cómo se puede resolver esto?

Lo que hicieron fue buscar vídeos de gente lamentando de la muerte de uno de sus familiares. Para la mitad de estos vídeos había pruebas claras de que eran ciertos y para otros pruebas claras de que eran mentira (grabaciones de vídeo con la víctima, llevar a la policía hasta el cadáver, etc.).

Analizaron estos vídeos y al igual que en el primer experimento, no hubo una diferencia significativa en las miradas ni a la izquierda ni a la derecha de unos u otros.

Experimentadores 3 - PNL 0

Como curiosidad comentar que sí que hubo una diferencia significativa: la duración de las declaraciones entre los que decían la verdad y los que mentían. 

Hay otros métodos para deducir si alguien está mintiendo o diciendo la verdad que han demostrado su eficacia en varios experimentos, como la coherencia emocional del discurso, la carga cognitiva, incoherencia temporal o diversidad sensorial del discurso, pero de eso, hablaré en otra ocasión.

Como ya he comentado en algún que otro artículo de este blog, me parecen más interesantes los experimentos que no logran demostrar la hipótesis inicial que los que sí lo hacen, como este que hemos visto, ya que nos ayudan a discriminar entre ciencia y creencias, y sobre todo porque nos hace ser críticos con conceptos que aunque puedan estar ampliamente extendidos, pueden no ser ciertos.

Por supuesto, las críticas al artículo (otra y otra más) no se han hecho esperar, sobre todo de profesores de masters y cursos de PNL.

Si queréis, podéis leer también un análisis del mismo artículo en el NeuroDojo.

También como curiosidad, PLoS ONE ha utilizado este artículo para probar un nuevo motor que recoge la información de la web para seguir la vida y repercusión del artículo en internet y las redes sociales. Muy interesante y muy atractivo lo que está por venir si generalizan este motor para el resto de artículos.

ResearchBlogging.orgWiseman R, Watt C, Ten Brinke L, Porter S, Couper SL, & Rankin C (2012). The eyes don't have it: lie detection and neuro-linguistic programming. PloS one, 7 (7) PMID: 22808128

viernes, 10 de agosto de 2012

Acotando la teoría de la mente en el cerebro

Hace ya años, Robin Dunbar publicó un artículo muy influyente en el que relacionaba el tamaño del cerebro de los primates con el tamaño de los grupos sociales en los que vivían. Ésto se llamó la hipótesis del cerebro social.

Esta hipótesis se basa en que para poder vivir sobrevivir en grupos cada vez más grandes, necesitamos "adivinar" lo que el otro está pensando, y no sólo eso, sino lo que el otro cree que un tercero está pensando... ¡Y no sólo eso! Sino que si somos capaces de adivinar lo que alguien cree que otro está haciendo creer a otro, tendremos una ventaja mayor que el resto para las habilidades sociales. Esto es lo que se denomina como niveles de intencionalidad.

Como no podía ser otro, el propio Dunbar publicó otro artículo (Orbital prefrontal cortex volume correlates with social cognitive competence) en el que trata de acotar cuál es la zona del lóbulo prefrontal del cerebro que tiene una función clara en estos niveles de intencionalidad. ¿Cómo lo ha hecho? Pues le dio a 42 personas (no es una muestra pequeña para un estudio con fMRI) unas historietas y un cuestionario para medir por separado memoria y niveles de intencionalidad (ya que existe la duda de si estos niveles dependen de la memoria o son un módulo independiente) y ha medido varias partes del cerebro. En concreto:

  • Córtex orbitofrontal medio
  • Córtex orbitofrontal lareral
  • Córtex dorsolateral
  • Córtex dorsomedio
¿Qué encontró? 

Hubo significación estadística en la relación entre el tamaño del córtex orbitofrontal (el que tenemos justo detrás de los ojos) y los niveles de intencionalidad. Es decir, que a mayor tamaño de esta zona del cerebro, más niveles de inferencia. De media fueron de 4,68 niveles contando el propio, es decir: YO creo que TU quieres que Él crea que ELLA es feliz = 4 niveles. 

Sin embargo:
  • No había relación entre el tamaño del córtex dorsal (ni lateral ni medio) y los niveles de intencionalidad
  • No había relación entre la memoria y los niveles de intencionalidad, por lo que parece ser que es un módulo independiente o que no depende directamente de la misma
  • Al contrario de lo que se encontró en otros experimentos, no hubo diferencia significativa entre los niveles de inferencia de hombres y mujeres
Algo interesante es que no consiguieron replicar la significación estadística de la diferencia entre hombres y mujeres (en otro artículo las mujeres tenían significativamente más niveles de intencionalidad). Esto nos debería dar un toque de atención para ser críticos con estudios que dicen demostrar esto o lo otro por significación estadística, ya que estaría bien poder encontrar otros experimentos que hayan conseguido replicarla o lo más importante: que no lo hayan conseguido, ya que si los ignoramos estamos cayendo en el sesgo de confirmación. 

También habría que ver si esta es la única zona del cerebro implicada y qué relaciones guarda esta función con otras zonas, como el córtex anterior cingulado (ACC) responsable de la detección de errores y la red por defecto o la unión temporo-parietal (implicada en la empatía)... 

Sobre niveles de intencionalidad y el número de Dunbar ya hablé en otras ocasiones. 

ResearchBlogging.orgPowell JL, Lewis PA, Dunbar RI, García-Fiñana M, & Roberts N. (2010). Orbital prefrontal cortex volume correlates with social cognitive competence. Neuropsychologia DOI: 10.1016/j.neuropsychologia.2010.08.004

martes, 7 de agosto de 2012

La neurociencia de los portales mágicos

Las puertas han sido desde la antigüedad portales entre dos mundos. Al menos así es como lo interpretó Van Gennep en su libro Ritos de Paso, donde nos habla de las puertas como los lugares de transición entre dos mundos: el conocido, doméstico, propio y terrenal y el mundo desconocido, extraño, extranjero, mágico. Esta separación se ve perfectamente en las puertas de las viviendas, en las puertas de las murallas de las ciudades, de los templos...

En muchas de estas puertas entre los dos mundos aparecen también deidades o guardianes de la puerta, que sirven de aviso al extraño del mundo que existe al otro lado de la puerta, que le recuerdan que una vez pasada existen otras normas, otras reglas y debe guardarlas. Algunas puertas tienen tabús, es decir, que va a haber personas que no puedan cruzarlas. Un extraño no puede entrar en una casa si no es invitado, o un no-musulman no podrá entrar en las mezquitas de algunos países islámicos, o alguien que no trabaje en un restaurante no podrá entrar en la cocina donde pone

"SOLO PERSONAL AUTORIZADO"

Estas deidades se han desarrollado de una forma espectacular en Asia, donde los dragones adornan las puertas y escaleras de los templos, aunque en las iglesias románicas españolas también podemos encontrar en dinteles de los pórticos monstruos guardianes y gárgolas, aunque la deidad principal y sus deidades secundarias organizadas en un Pantocrátor, columnas, etc. se mostrarán más evidentes y grandes.


Yo saludando y haciendo una ofrenda de agua a algunas deidades de puertas tailandesas 

En las propias puertas de las casas también podemos encontrar estos guardianes de las puertas en forma de amuletos contra el mal de ojo, oraciones, ramas de diferentes hierbas o ristras de ajos, esculturas o aldabas con formas de caras humanas o animales.

Fuente imagen: Wikipedia

Además, asociado al paso de la puerta vamos a encontrar también rituales de separación y purificación del mundo exterior, como quitarse los abrigos (y los zapatos en algunos países), ritos de transición, como saludar la deidad de la puerta (pasando el dedo por la oración, cogiendo agua bendita, etc.) para una vez pasado el margen proceder a rituales de agregación, como saludar a los huéspedes, entrega de regalos, etc.

Pero, esto que parece una interpretación fantástica de la mente humana... ¿Tiene alguna base cognitiva? Parece ser que sí, pero me llevará algo de tiempo, así que paciencia que allá vamos.

El cerebro humano tiene una capacidad de procesamiento limitada. A los centros sensoriales llegan más estímulos de los que puede procesar, y además, muchos de ellos son extraordinariamente complejos, como contexto, intenciones de segundas y terceras personas, inferir qué está pensando alguien... Por ello, como vimos hace tiempo, el cerebro utiliza una serie de reglas aprendidas que le ayudan a interpretar el mundo y a predecir qué es lo que va a pasar para poder adoptar la mejor estrategia en cada momento a corto y medio plazo.

Esto, que Gazzaniga llamó el cerebro dividido, se completa con la teoría de la segmentación de eventos (TSE). Esta teoría dice que las personas percibimos lo que nos pasa como una colección de eventos secuenciales separados por transiciones. Un evento es un segmento de tiempo en una localización concreta que es percibido como una unidad con principio y final. La gracia de todo esto es que cada evento tendría su memoria de trabajo. Esta memoria de trabajo le permitiría acceso rápido a la información ya existente, sin tener que perder tiempo en consultar los centros sensoriales y condicionando la interpretación de la información.

¿Qué pasa cuando las predicciones tienen errores? Esto es lo mismo que cuando sucede una disonancia cognitiva de las de Gazzaniga. Entonces el "modelo de evento" que nos ha ayudado a predecir e interpretar la información se actualiza , esta vez consultando activamente los centros sensoriales y el el entorno, para mejorar la predicción, o para cambiarlo por otro modelo. Esto último constituye un cambio de evento y de contexto.


Esquema del modelo de evento y su actualización con información sensorial. Fuente: Segmentation in the perception and memory of events 

Estos cambios de evento mediante transiciones tienen una gran carga cognitiva. En los cambios de contexto hay una activación de los lóbulos temporal (este en las zonas relativas a la memoria episódica y largo plazo), parietal y el prefrontal lateral. Esta carga cognitiva se manifiesta en la diferencia en la rapidez de lectura en textos con y sin cambios de contexto, actividad neuronal en cambios de piezas musicales o en visualización de escenas y películas con y sin transiciones entre eventos.
Areas del hemisferio derecho que se activan en las transiciones de eventos durante la audición de una pieza de música clásica. Fuente: Segmentation in the perception and memory of events

En estos cambio de contexto tienen un papel muy importante las puertas, ya que constituyen una separación física entre dos localizaciones, y por lo tanto, traspasarlos constituye un cambio de localización que separa dos eventos. Un artículo consiguió probar mediante varios experimentos como pasar de una habitación a otra hacía que la memoria de un objeto que se ha cogido en la primera localización disminuyese, tanto en aciertos como en tiempo de respuesta. Además, no dependía del número de transiciones (por ejemplo, entrar y salir 5 veces de la misma habitación), sino del número de habitaciones nuevas que se atravesasen.

Esto muestra un modelo del cerebro similar a lo que se está haciendo desde hace muchos años en arquitectura de computadores. En los procesadores se incorpora una pequeña memoria de algo rendimiento llamada "cache" que permite un accesos más rápido a los datos. Por debajo de esta memoria está la memoria RAM, menos rápida que la cache, pero mucho más que el disco duro que se encuentra en el último nivel de acceso.

Cuando el sistema operativo ejecuta un programa lo pone en la RAM y el procesador llama algunos de sus datos a la cache. En adelante no es necesario que acceda a la RAM, porque los tiene "a mano". Sin embargo, cuando el sistema operativo decide cambiar de tarea o de programa a ejecutar, un nuevo programa va a la RAM y el procesador vacía la cache del antiguo programa para traer el del nuevo. Esto es un cambio de contexto, muy similar al cambio de contexto que hemos visto en el cerebro, donde la memoria de trabajo pasa a la memoria a largo plazo o episódica para ser sustituida por la memoria de trabajo de un nuevo contexto. Si necesitamos acceder a información de la tarea anterior el cerebro no la tiene accesible en la cache, sino que tiene que ir a la RAM (más lenta) o si ha habido más cambios de contexto es posible que tenga que irse al disco duro (memoria a largo plazo) para poder recuperarla.

Esto explica esas ocasiones en las que vamos a la cocina y no nos acordamos de a por qué hemos ido, o por qué a veces al cambiar de habitación hay algo que nos distrae y perdemos la noción de la razón por la que habíamos ido allí.

Estos cambios de contexto son especialmente importantes en la vida diaria. Imaginad la puerta de los baños de un lugar público (como un restaurante, el trabajo, etc.). Están flanqueados por sus propios guardianes (un monigote "señor" y otro "mujer") que implican tabús de género: los hombres sólo pueden entrar en el de los hombres y las mujeres en el de las mujeres. Además, dentro de esa habitación hay normas especiales que no están permitidas en otras habitaciones, como por ejemplo, tocar, sacar los genitales y orinar. Sin embargo, esto que en un cuarto de baño nos parece algo totalmente normal, no se nos ocurriría hacerlo en el despacho del jefe o en el de nuestro compañero. Este cambio de contexto de reglas sociales con un tabú tan poderoso como son los genitales y el "tipo de funciones orgánicas que tienen lugar en el retrete"  es posible gracias a la separación de eventos que marca físicamente la puerta.

Como podemos ver, es muy interesante como a veces la neurociencia da respuesta y nuevas interpretaciones que apoyan puntos de vista de hace casi un siglo, como el de los ritos de paso de Van Gennep.

Todo esto se puede utilizar en el mundo de los negocios, y hay un ejemplo muy claro de alguien que lo utiliza terriblemente bien:
Fuente de la imagen: Gurusblog.com

Aquí, el uso de la puerta como la separación entre el mundo material y el mundo mágico (el slogan de Imaginarium es: "It's magical") del que habla Van Gennep es literal, sobre todo porque individualiza la experiencia para los más pequeños, que tienen su propia puerta por la que los adultos no pueden pasar (creando un tabú por edad y tamaño). Esto hace que el cambio de contexto sea propio y voluntario, y la entrada en la tienda realmente sea para ellos entrar en un sitio donde las normas de su casa, del colegio, de la calle, etc. no sirven. Un sitio lleno de juguetes, colores... magia. Todo esto crea una experiencia que termina en el mismo momento en el que vuelven a traspasar la puerta para salir al mundo exterior de nuevo con las reglas de siempre, lo que convierte a las tiendas de Imaginarium en un lugar especial para ellos.

Seguro que hay un montón de ejemplos más que podéis encontrar de portales a mundos mágicos, de dioses protectores de las puertas, tabús de paso y de reglas que se aplican o no dependiendo de si se dan unos pasos más dentro de la puerta. A partir de ahora sólo hay que abrir bien los ojos y encontrarlos, eso sí, si no se os olvida que los estáis buscando la próxima vez que os levantéis para ir al baño.

ResearchBlogging.org Van Gennep A (1909). Les rites de passage Paris

CA Kurby, JM Zacks (2008). Segmentation in the perception and memory of events Trends Cogn Sci. DOI: 10.1016/j.tics.2007.11.004

Radvansky, Gabriel A. (2011). Walking through doorways causes forgetting: Further explorations The Quarterly Journal of Experimental Psychology DOI: 10.1080/17470218.2011.571267

domingo, 22 de julio de 2012

La psicosis del Show de Truman

Recuerdo cuando salí de ver por primera vez "El Show de Truman". Acababa de empezar la universidad y me pareció fascinante la idea de que todo podría ser un montaje y hubiese cámaras grabándote en todo momento, convirtiéndote en el pez del acuario de millones de personas sin otra cosas que hacer que mirar las tonterías que hacías a lo largo del día.

Nada más salir del cine lo primero que hice fue mirar instintivamente hacia arriba para ver si encontraba alguna cámara. Por suerte, esa sutil sensación desapareció en segundos y no pasó de un par de bromas con el resto de gente del grupo con el que iba, ya que nos sorprendimos todos haciendo lo mismo, buscando cámaras y actores por la calle.


Por eso me llamó mucho la atención cuando descubrí el artículo The Truman Show delusion: Psychosis in the global village (El delirio del Show de Truman, la psicosis en la aldea global). El artículo consta de dos partes y ambas me parecieron muy interesantes.

En la primera se dedica a detallar 5 casos diferentes de personas que sufren lo que el autor denomima el delirio del Show de Truman. Todos salvo uno de ellos nombra directamente la película para describir su situación y creen ser los protagonistas de un reality show basado en sus vidas, con actores y cámaras por todos lados del cual tratan de salir (en concreto muchos hacían referencia a la escena final que he puesto en el vídeo). Como curiosidad, uno de ellos trabajaba montando el plató de un reality show real y pensaba que él era el protagonista del show que él mismo estaba preparando. En todos ellos la psicosis estaba inducida por el consumo y/o abuso histórico y en ese momento de sustancias.

La segunda parte del artículo se centra en un aspecto muy interesante que es la universalidad de las psicosis en diferentes culturas. Así como la psicosis del show de Truman es algo totalmente cultural, ya que se basa en una cultura en la que los reality shows son un fenómeno de masas e incluso en la mayoría de los casos los pacientes se refieren específicamente a la película de El Show de Truman para definir su situación, hay otras psicosis que también son específicas de otras culturas, como la turabosis, que es el miedo a ser enterrado en arena (algo que podemos encontrar en Arabia Saudí pero no en Finlandia) o el delirio de ser un discípulo directo de Buddha (típico de China).

Sin embargo, estas psicosis culturales lo son según el autor sólo en su contenido, ya que si se examina la forma que adoptan, muestran aspectos comunes en todas las culturas. El autor identifica:
  • Persecución
  • Grandiosidad
  • Culpa
  • Religión
  • Hipocondria
  • Celos
  • Amor
  • Referencia
  • Control
  • Pensamiento
  • Nihilismo
  • Fallo de identificación
Estas formas de psicosis se moldearían en cada cultura, dando lugar a las psicosis con contenidos específicos. Así, la psicosis del show de Truman tendría formas de grandiosidad, persecución y referencia con un contenido cultural basado en el fenómeno de los reality shows y la película del mismo nombre.

¿Qué nos puede enseñar esto del cerebro y su funcionamiento?

Esta visión universalista de las psicosis se basa en el modelo modular del cerebro y la visión de los desórdenes como módulos cuya función no se ajusta correctamente al entorno en el que se vive. Veamos como ejemplo la forma de persecución: 

Si eres Julian Assange, tu módulo de "persecución" estará hipersensible y sufrirás un tipo de manía persecutoria real que puede salvarte la vida, ya que estás expuesto a amenazas reales. Otro ejemplo de este tipo de manía persecutoria justificada puede ser Yasir Arafat, que según su viuda nunca dormía dos noches seguidas en la misma cama, no aparecía casi nunca cuando se le esperaba y siempre tenía a alguien que probaba la comida por él. Incluso después de todas estas precauciones, están estudiando si Arafat fue víctima de un envenenamiento y a Assange están a punto de deportarlo a USA Suecia. Sin embargo, estos comportamientos que pueden salvarnos la vida si somos los enemigos de Estados Unidos, los rusos o alguna mafia de sacerdotes voodoo de Haiti, si se vuelve hipersensible en entornos en los que no existe una amenaza real, se produce un desorden de manía persecutoria. 

El resto de formas también tendría sus propios módulos cognitivos, como el de los celos que sería directamente en de guarda de pareja. El de amor, por ejemplo, estaría relacionado con el sesgo positivo de que muestran los hombres hacia la percepción de posibilidades románticas con mujeres atractivas. Esto se debe a que creer que una mujer atractiva está interesada en ti cuando no lo está tiene un bajo coste, pero no detectar cuando una mujer atractiva está interesada en ti tendría un alto coste de oportunidad, por lo que este sistema habría evolucionado con un sesgo para primar los falsos positivos maximizando las oportunidades y minimizando los riesgos de un falso negativo. 

Lo mismo se puede decir del de grandiosidad. Detectar que soy de alto estatus cuando no lo soy sólo me hace parecer un capullo, pero no detectar que soy de alto estatus cuando tengo esa posición puede hacerme perder oportunidades de poder y reproducción muy valiosas, por ello también existe un sesgo positivo evolutivo minimizando los riesgos de caer en un falso negativo.

Ni que decir tiene los riesgos de un falso negativo en el módulo de preservación o supervivencia, que estaría detrás del ejemplo que hemos analizado de persecución. Si me intentan envenenar con polonio, un paso en falso significará mi muerte, pero si no es así, sólo estaré haciendo que alguien pruebe mis platos antes que yo sin ningún daño ni para él ni para mi. 

Este mismo ejercicio se puede llevar a cabo con el resto de formas, viendo qué módulo cognitivo es el responsable y qué factores del entorno y escenarios lo regulan. 

Como vemos, cuando algo se rompe es también una forma de ver cómo funciona y qué módulos lo componen a través de la observación de qué funciones son comprometidas. El estudio de desórdenes psicológicos y cognitivos es una herramienta más que se une al estudio de accidentes cerebrales, lesiones y disfunciones como un método indirecto de observación y estudio del cerebro humano. 

Y de momento con esto os dejo hasta el siguiente post.

Por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches.

ResearchBlogging.orgGold J, & Gold I (2012). The "Truman Show" delusion: Psychosis in the global village. Cognitive neuropsychiatry PMID: 22640240

sábado, 14 de julio de 2012

Sobre la noticia del cerebro de los altruistas

Ayer vi en meneame el titular de una noticia que me puso los pelos de punta: Las personas altruistas tienen mayor volumen de materia gris en el cerebro. Tengo que decir que cada vez que un periodista escribe un artículo del tipo: "Los X tienen el cerebro más Y" sustituyendo "X" por esquizofrénicos, autistas, psicópatas, conservadores, liberales, ricos, egoístas, altruistas... y "Y" por grande, pequeño, más activo, menos activo, aderezado con salsa tártara... Damasio mata un gatito. No porque el artículo en el que se basa la noticia sea malo o esté mal hecho, sino por el titular y lo que da a entender para la gente que no sabe interpretar estas noticias que se quedan con la idea de que todo el mundo tiene el cerebro grande/pequeño/gordo/vago/con salsa tártara.

¿Qué dice realmente el artículo del que habla la noticia y qué implica?

El artículo de la noticia aparece en Neuron el 12 de Julio de 2012 con el título: "Linking Brain Structure and Activation in Temporoparietal Junction to Explain the Neurobiology of Human Altruism". En él propusieron a un grupo de personas varias situaciones en las que debían elegir si comportarse de forma egoísta o altruista y luego midieron el volumen de las áreas del cerebro para ver qué áreas eran diferentes.

Es cierto que hubo un área con una correlación significativa entre un determinado comportamiento altruista y la cantidad de materia gris. Este área es la unión temporal-parietal del cerebro del hemisferio derecho.
Fuente: Wikipedia

Pero aquí hay un poco más de miga de lo que parece. Veamos cual es la situación en la que la gente con mayor materia gris en esa zona fue más altruista:
En este escenario presentado, yo gano dinero porque la otra persona pierde dinero. En ese caso, las personas más altruistas decidieron no ganar tanto dinero para que la otra persona no perdiese tanto, es decir, reducir la desigualdad. 

Pero se les presentó también otro escenario: 


En este caso, no hubo correlación significativa entre la cantidad de materia gris de este área y la opción elegida, es decir, que cuando pierdo recursos por una acción (considerada hostil), esta región ni se activa ni tiene importancia su tamaño.

Esta región tampoco se activa en el análisis funcional que realizaron cuando el coste de la acción altruista es demasiado elevado o demasiado pequeño, es decir, se activa más cuando el coste y la desigualdad que resuelve parece óptima.

Esto con respecto a este artículo, en el cual nos habla sobre todo de la fenomenología de esta zona en concreto, pero hay otro publicado unos días antes (6 de julio de 2012) que nos habla de esta misma zona que nos puede dar una pista más sobre su función cognitiva. El segundo artículo se titula "A Distinct Role of the Temporal-Parietal Junction in Predicting Socially Guided Decisions" y en él pusieron a jugar a una especie de poker simplificado a una serie de personas. A algunas de ellas les dijeron que jugaban contra personas y a otras contra un ordenador, midiendo la activación de diferentes áreas del cerebro.

En concreto hubo un área que se activó sólo cuando a los jugadores se les decía que estaban jugando contra una persona: la unión temporal-parietal, aunque en este caso se midió la actividad bilateral, por lo que no tenemos datos concretos de si había más actividad en el hemisferio izquierdo que en el derecho (como ocurre en el artículo anterior) o qué función puede tener cada hemisferio.

Lo que sí que parece es que esta zona es la responsable de atribuir lo que en un post de hace unos meses llamamos "experiencia". Recordemos que había otro artículo que nos hablaba de dos características que atribuimos a todo aquel con quien interaccionamos: agencia y experiencia, que representé en este gráfico:

La agencia determina la capacidad de acción y la experiencia la capacidad de sentir, y esta última es la que cambia con la "personalización" y "despersonalización" del sujeto con el que interactuamos (una máquina no tiene experiencia pero si agencia porque puede actuar pero no sentir). Según los resultados de este segundo artículo, el área de la unión temporal-parietal parece que está relacionada con esta capacidad de atribución de experiencia, es decir, que se activará cuando veas a alguien indefenso y te hará sentir más empatía y sentimiento de protección, lo que ayudaría a disparar ese comportamiento altruista de disminución de la desigualdad.

Imágenes de gatitos como esta activan tu unión temporal-parietal, siempre y cuando Damasio no lo mate al leer un titular como los que hemos hablado al principio... Fuente de la imagen.

Estos dos artículos juntos me hacen plantearme varias posibles futuras vías de estudio que podrían llevarse a cabo:

  • Se ha visto que hay una lateralidad funcional en esta zona del cerebro, concretamente en el hemisferio derecho. Esto es posible que se deba a que en la zona izquierda esta zona está ocupada en una gran parte por el Área de Wernicke, que es la responsable del procesamiento del lenguaje. ¿Habría una relación entre la especialización de estas áreas según el modelo generalista-modular del cerebro? Es decir, ¿la atribución de experiencia y el procesamiento del lenguaje serían dos caras de una misma moneda? Al fin y al cabo, una sería la interpretación de emociones de otra persona y la segunda la interpretación de gestos y sonidos con un significado. Es decir, uno nos haría interpretar lo que siente y el otro lo que quiere "decir" (literalmente). Esto podría tener algo que ver con la relación que existe en síndromes como el de Asperger entre la disminución de la capacidad de interpretación del contexto del lenguaje (dificultad en captar sarcasmos, dobles sentidos, etc.) y una disminución de la empatía y la teoría de la mente en estas personas. 
  • Esta atribución de experiencia que nos permite ser más empáticos parece relacionada con el mecanismo de inhibición de la violencia. Este mecanismo de inhibición de la violencia es el que nos hacen sentirnos culpables cuando hacemos daño a alguien y se desconecta o no está activo (que es diferente) en determinadas ocasiones, por ejemplo para facilitar la agresión como defensa a una acción que nos perjudica (como el entorno hostil del segundo escenario del primer artículo) o para posibilitar el ataque entre grupos en la lucha por recursos compartidos. Un caso importante es el de los psicópatas, en el que este mecanismo de inhibición de la violencia no se activa o no existe. Según estos artículos, este área sería un buen lugar para buscar causas de por qué no se activa ese mecanismo.   
  • Como ya hemos visto en algunos posts, tan importante es el área en sí como las conexiones con otras áreas del cerebro para ver qué zonas la regulan (activan e inhiben) y qué zonas regula ella. En especial, me gustaría conocer mejor la relación entre esta área y el cortex insular, que es el responsable de detectar la desigualdad, ya que hemos visto que esta área se activa más cuando se resuelve una desigualdad (y para ello hay que detectarla primero). También sería interesante ver qué zonas inhiben esta área, ya que estarían relacionadas con el la desactivación del mecanismo de inhibición de la violencia y nos ayudaría a poder entender esta función más profundamente.   
  • Este tipo de comportamiento altruista se podría considerar dentro del altruismo recíproco. Sería interesante ver también si se activa de la misma forma en escenarios de selección de parentesco, siguiendo el modelo de inclusive fitness de Hamilton o si este mecanismo depende de otra área del cerebro. 
  • Estos experimentos (sobre todo el primero) tienen el problema que se tiene siempre que metemos a alguien en un equipo de fMRI, que está en un entorno de laboratorio que puede ser diferente al entorno de interacciones reales de la vida cotidiana, que es en definitiva lo que nos interesa conocer. Sería bueno diseñar experimentos en los cuales se pudiese ver el comportamiento en entornos reales de estas personas y ver si también existe una relación entre la cantidad de materia gris de esta zona del cerebro y distintos comportamientos sociales.

Como veis, de un titular del tipo "Las personas altruistas tienen mayor volumen de materia gris en el cerebro" se puede sacar bastante más chicha si se profundiza un poco más en la fuente original.

ResearchBlogging.orgY. Morishima,D. Schunk,A. Bruhin,C.C. Ruff, E. Fehr1 (2012). Linking Brain Structure and Activation in Temporoparietal Junction to Explain the Neurobiology of Human Altruism Neuron DOI: 10.1016/j.neuron.2012.05.021

R. McKell, DL. Bowling, C. Reeck, SA. Huettel (2012). A Distinct Role of the Temporal-Parietal Junction in Predicting Socially Guided Decisions Science DOI: 10.1126/science.1219681